martes, 22 de noviembre de 2016

174. ¡A comer!

La ratona estaba encima del armario revisando su discurso y ensayando para la disertación que tendría en su escuela. 
«Lo último que se pierde es la esperanza...» esa era la última frase, pero no estaba muy convencida de querer usarla. No sabía si era muy apropiada para el tema, que era la política internacional. 

—¡A comer! —Llamó su madre desde la cocina que estaba al otro lado de la casa. 

La ratona se alegró de poder alejarse un rato de sus deberes. Le vendría bien darse un respiro y comer algo. Bajó lo más rápido que pudo y cruzó la estancia corriendo.

¡¡¡Zaaaap!!! Una zarpa la sacó del camino y la llevó a dar un par de vueltas en el aire antes de empezar a caer. No quiso abrir los ojos. Pensó en que al menos ya no tendría que pensar en una nueva frase para su discurso. Cogió su último aliento y... ¡¡¡Plafff!!! ¡Cayó sentada sobre el lomo de su gato! Sí, sí, su gato. ¡Aquella fue una inesperada sorpresa! Estaba feliz porque el felino había vuelto. Llevaba toda la semana sin aparecer. En casa llegaron a pensar que no volvería; pero allí estaba, jugando con ella. 

—¡A comer! ¿Cuántas veces tengo que repetirlo? —Volvió a gritar mamá, pero esta vez asomó por la puerta de la cocina. Al ver al minino le cambió la cara para mejor. Volvió a meterse en la cocina y llenó un cuenco con el pienso del peludo. Él podía ser muy brusco jugando, pero jamás les haría daño. 

Era un gato vegano y el pienso, pues también.

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