El dictador fue elegido en democracia.
Ni siquiera quienes le dieron su confianza sospecharon lo que iba a hacer, no podían, estaban embelesados con su discurso.
Tampoco se podía esperar demasiado de sus seguidores porque eran las personas más olvidadas y menos instruidas de todo el país. Siempre eran los que menos importaban, excepto en época de elecciones...
Lo que nadie sabía sobre el dictador, ni siquiera sus colaboradores más cercanos, era que el consorcio de empresas -tecnológicas, científicas, laboratorios, etc.- que le respaldaban le enviaban un obsequio cada cierto tiempo.
Ninguno de sus colaboradores tenía modo de saber que un nuevo contenedor llegaba después de una última visita del médico de cabecera del dictador.
Tampoco sabían el contenido de los contenedores.
Cada uno llevaba una especie de armario de metacrilato en el que llegaba un clon del dictador que estaba listo para ser activado...
Y ya llevaban unos cuantos.
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