Vicky era una niña mala, muy mala.
Era tan mala que su personaje favorito de 'Caperucita roja' era la malvada
madrastra. Cada vez que llegaba la parte en la que la vil bruja perdía la
partida, empezaba a berrear, a protestar, a patalear y a chillar hasta que
conseguía que sus padres cambiaran el final. Entonces
reía imaginando a Caperucita sometida a mil vejaciones; sobra decir que ninguno
de los finales inventados podía repetirse, o las protestas se multiplicaban por
mil millones. Con el resto de los cuentos ocurría más de lo mismo.
Cuando Vicky empezó a ir a la escuela, aprendió muy pronto a ser muy buena con la maestra. Pero, cuando ella se daba la vuelta, se dedicaba a martirizar a todos sus compañeros. Los tenía sometidos.
El profesorado en general la tenía como una líder nata.
No tenían ni idea que se dedicaba a imponer sus antojos a todos y a cada uno de los chicos de su clase.
Los más listos –o más tontos, según se mire– formaban parte de su séquito y ella se sentía como la reina –mala– del cuento. Pero ni ellos la querían; sólo la seguían por puro instinto de conservación.
Y esto ocurrió así hasta que una buena mañana llegó una niña nueva.
Para darle la bienvenida, Vicky, la voluntariosa, mandó a su séquito a que la metieran en un armario. Pero la niña nueva tenía algo tan especial, que ninguno se atrevió a tocarla. Estaban embobados con ella y eso que no había dicho una sola palabra.
Vicky se enfadó tanto que al terminar las clases, siguió a la niña. Cuánto más prisa se daba en ir tras ella, la pequeña se alejaba más. Y así pasaron por el camino de la escuela a las casas, y de ahí a la ruta que llevaba al río, y de ahí al bosque. Cayó la noche y a ninguna de las dos se las volvió a ver.
Una generación después, Waldo, un niño muy malo que tenía por costumbre hacer lo mismo que hacía Vicky (sólo que para entonces ya nadie la recordaba), estaba en la cumbre de su tiranía.
Pero entonces llegó una niña nueva a la que quiso dejarle claro quién mandaba. La persiguió hasta el bosque y… ¿Adivinas qué pasó?
Si conoces a alguien, niño o adulto, que se dedique a hacerle la vida imposible a los demás, cuéntale esta historia pero omite el final.
Por cierto...
Si te estás preguntando por el cuento favorito de Vichy, sus padres, deliberadamente, cambiaron los personajes de sitio, de un cuento a otro, forzándose así a modificar los finales -que la niña a su vez les obligaba girar hacia la oscuridad-.
Esto lo hicieron así por lo que vivieron cuando fueron niños.
Por aquel entonces también desapareció un niño muy malo. Sólo recordaban que su nombre empezaba por U.
Lo que recordaban perfectamente era una leyenda que corrió como la pólvora entre todos los niños de la escuela. Se trataba de una niña del bosque que acudía en auxilio de los padres desesperados y entristecidos por haber tenido a un hijo malo. La única manera en que ellos podían invocarla era haciendo la prueba de intecambiar las historias de los cuentos...
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