Su intención era dormir todo el fin de semana.
Dormir, ver películas, picotear antojos, vuelta a dormir, a ver películas y a picotear antojos.
Ese era su gran plan y nadie se iba a interponer entre ella, su sofá, el mando de la tele, su manta y la nevera.
Nada iba a interponerse entre ella y las bolsas de dulces y salados que almacenó en el armario de la cocina durante toda la semana.
Pero su plan perfecto se vino abajo poco antes de la medianoche del viernes.
Estaba a media luz, escogiendo una película de esas que dan miedo, cuando una sombra pasó por delante de la puerta del salón. Al principio pensó que había sido idea suya, pero una llamada a su móvil la estremeció: era de su número fijo y ella tenía el aparato delante.
Recordó que existía otra toma de teléfono en su habitación.
Se armó con su mando, por armarse con algo, cogió un cojín-escudo y se dedicó a encender las luces que a su paso le iban quedando a mano.
Se suponía que estaba sola en casa, que su compañero de piso se había ido de fin de semana.
Él no le jugaría una broma de ese tipo.
Ambos pactaron no dejarle la llave a nadie que no fueran sus madres y esto era por tener una copia en caso de urgencia. Y ninguna de ellas se tomaría la molestia de salir un viernes por la noche, con ese frío, con el objetivo de volverla loca.
Quien fuera que estuviera tomándole el pelo se iba a enterar.
Antes de llegar a la puerta, una corriente fría le rozó el cuello.
Pegó un respingo porque en ese momento el teléfono fijo y el móvil sonaron a la vez. Recibió un mensaje de un número oculto que decía 'cógelo que te estoy llamando'. Recordó la película que había pensado ver y empezó a temblar. Descolgó el teléfono y quitó el cable de la toma. Intentó bloquear el número oculto pero el móvil se apagó.
Ese fin de semana casi no durmió.
Además del miedo que tenía metido en los huesos, el teléfono fijo sonaba cada poco.
Y ella no lo había vuelto a conectar.
Por eso yo no veo esas películas,... bueno,...lo de las golosinas es otra cosa!!
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