El laberinto de piedras que estaba en mitad de un desierto era la nueva prueba que la viajera del espacio tiempo tenía que superar.
La dificultad consistía en no desesperarse cuando las paredes empezaban a deshacerse y a convertirse en espejos que generaban aún más confusión.
A su paso se fueron formando montículos de arena que atrapaban enormes tablas con cristales por ambas caras.
Aquellos que, por su posición, se reflejaban entre sí, creaban infinitos de insoportable luminosidad.
La viajera cerró los ojos y dejó que su mente se elevara. Confianza. Su caminar se volvió pausado y su ruta más certera.
No se molestó en contar el tiempo que le tomó salir de la maraña de calles y encrucijadas.
Sólo tomó nota del profundo nivel de silencio al que tuvo que llegar para lograrlo y volver a su habitación a través de su armario.
Me encantó!!,...
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