viernes, 23 de septiembre de 2016

114. Esbozo

Suenan las campanas. 

El atolondrado imitador del tiempo ha empezado a correr contra el viento. 

Las nubes se abren cual plumas sacudidas por una gallina y una nave ahuevada desciende desde las alturas. 

El ruiseñor, que no entiende de nimiedades, te mira fijamente: 'ha llegado el momento de ayudar', esa es su sentencia. 

La nave se abre y, sin inmutarte, subes en ella. 

Por dentro parece un armario transparente y puedes verlo todo. 

Tus pies parecen flotar conforme te vas elevando pero no sientes vértigo. 

Agradeces que el ruiseñor vuele junto a la nave, y aunque te olvidas de su presencia, sigues recordando aquello que te transmitió. 

Pensándolo bien, te parece un poco extraño porque nunca dejaste de echar una mano a quien le hiciera falta. 

Ibas a pensar en algo más a lo que podía haberse referido pero en ese momento volvió a sonar tu despertador...

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