La reina de las hermanas hadas encargó al capitán de los elfos que bajara la bandera de la torre más alta del castillo de sueños.
Las demás hadas estaban en el bosque recogiendo bayas mientras cantaban una canción cuya letra iban inventando.
Cuando la más pequeña advirtió lo que el capitán de los elfos estaba haciendo en lo alto de la torre, todas se giraron a verlo.
No sabían la razón por la que estaba quitando el emblema pero, desde luego, no les sentó nada bien.
Presurosas volvieron al castillo y fueron directas a ver a la reina.
Para cuando llegaron, la reina estaba sentada en su mecedora, junto al armario de los hilos; tenía una labor en sus manos y regazo. Se dieron cuenta de que estaba bordando algo en la bandera y todas se quedaron sin saber que decir.
—¿Qué os pasa?
—Les preguntó la reina sin dejar de mirar la puntada que estaba haciendo.
Se miraron las unas a las otras y, como siempre, dieron un pequeño empujón a la segunda de todas. Por algo, después de la reina, era la mayor.
—Vimos al capitán arriando el emblema, pero no supimos la razón. Nos asustamos y vinimos corriendo...
—¿Os habéis asustado porque el capitán bajó la...? —La reina soltó una risita burlona y mirando a sus hermanas continuó—: Os asustasteis porque pensasteis que me habían otorgado mis alas de polvo de oro y que me volví invisible sin avisaros. Si es que sois... A ver mis amores, sucede que se me ocurrió que, a partir de hoy, en nuestra bandera vamos a contar todas las veces que vayamos de campamento y lo haremos bordando una estrella, como la que estoy poniendo ahora. ¿No os parece que una bandera de dos colores es un poco aburrida? La llenaremos de estrellas de diferentes tamaños...
—¿Y colores? Yo haré unas turque-verdes. —Dijo la más pequeña, que nunca se decidía si le gustaba más el turquesa o el verde.
—Y yo unas rojas —Gruñó la más soñadora... Se enfadó porque quería hablar primero pero la otra le ganó. Estaba acostumbrada a que su imaginación fuera más rápida que su lengua si tenía que hablar, o que su mano, si tenía que escribir.
—¿Dices que a partir de hoy? —Se adelantó la seguinga. Sabía que su hermana mayor no había terminado de hablar...
—Sí. Me apetece hacer uno de nuestros campamentos. ¿A vosotras no? ¿Qué decís?
—¿Os habéis asustado porque el capitán bajó la...? —La reina soltó una risita burlona y mirando a sus hermanas continuó—: Os asustasteis porque pensasteis que me habían otorgado mis alas de polvo de oro y que me volví invisible sin avisaros. Si es que sois... A ver mis amores, sucede que se me ocurrió que, a partir de hoy, en nuestra bandera vamos a contar todas las veces que vayamos de campamento y lo haremos bordando una estrella, como la que estoy poniendo ahora. ¿No os parece que una bandera de dos colores es un poco aburrida? La llenaremos de estrellas de diferentes tamaños...
—¿Y colores? Yo haré unas turque-verdes. —Dijo la más pequeña, que nunca se decidía si le gustaba más el turquesa o el verde.
—Y yo unas rojas —Gruñó la más soñadora... Se enfadó porque quería hablar primero pero la otra le ganó. Estaba acostumbrada a que su imaginación fuera más rápida que su lengua si tenía que hablar, o que su mano, si tenía que escribir.
—¿Dices que a partir de hoy? —Se adelantó la seguinga. Sabía que su hermana mayor no había terminado de hablar...
—Sí. Me apetece hacer uno de nuestros campamentos. ¿A vosotras no? ¿Qué decís?
El entusiasmo las desbordó a todas y corrieron a organizar todo lo que necesitaban para acampar al lado del río.
No hay comentarios:
Publicar un comentario