La ratona emprendedora quería analizar hasta la última palabra de todos los libros que tenía en su biblioteca. Sólo le quedaba por sacar los que estaban en la estantería más alta del armario. Tenía todos los libros abiertos: sobre el escritorio, en el suelo, unos encima de otros, unos dentro de otros como si fueran marcadores y llenos de papelitos con anotaciones. No es que quisiera leer todos sus libros, sino que quería comprender cada palabra, sin importarle demasiado el contexto. Se había obsesionado con encontrar la palabra generadora, aquella que estuviera en el inicio del universo. Cuando la encontrara, la usaría en 'la frase demoledora' con la que iniciaría un negocio de camisetas, libretas, muñecos, bolígrafos y demás objetos conmemorativos. Pero la ratona tenía una pequeña dificultad: le costaba un mundo -o dos- concentrarse, por lo que cada poco olvidaba su objetivo. Lo bueno era que su imaginación no tenía límites y cada vez que se olvidaba de lo que tenía que hacer, se inventaba una nueva tarea. Ahora, por ejemplo, está tratando de encontrar la palabra más chistosa. Quiere usarla para crear una línea de maquillaje exclusiva para payasos. A saber qué será lo que buscará mañana...
Yo conozco a esa ratona!
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