Una luna enorme y naranja decoraba los dos paneles corredizos de su armario.
La pintó con aerosol durante toda una noche, en un arranque de creatividad y nostalgia.
Quería volver a la época en la que creía en los sueños, en la que era capaz de hacerlos realidad.
Una noche despertó por una luz muy potente.
Se levantó de su cama, de su cuerpo, cruzó su habitación y caminó directamente hacia el satélite que giraba con el infinito cosmos como fondo.
Alargó la mano y entró en aquel espacio.
Lo hizo sin dudas, sin miedos.
Se dio cuenta de que lo que dejaba atrás sólo eran frustraciones, anhelos que ni siquiera eran suyos.
Llegó a un cráter en el que encontró a todas sus ilusiones, a todos sus sueños.
También estaban sus gatos, gatas y su perra, que ya no vivían con ella. Entonces tuvo una larga y reveladora conversación con todos.
Al día siguiente despertó y, sin recordar nada de lo que vivió la noche anterior, volvió a crear la magia que sólo ella sabía crear...
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