El armario estaba proyectando imágenes en la
blanca pared que tenía en frente.
Las contemplaba entre apenado y distraído.
Se
preguntaba lo que ocurriría después, cuando su interior dejara de mostrarle
todo eso que llevaba por dentro.
«Esta será la despedida, pero ¿a quién o a qué
tendré que decirle adiós?», pensó y al instante olvidó el pensamiento, la
pregunta.
Trató de fijarse en los personajes, en los escenarios de esa especie
de pase de diapositivas, pero a la vez le llegaban tantas ideas que empezó a
mezclarlo todo.
Por un lado se sentía responsable de las verdades que guardaba,
por otro lado le divertía disfrazarlas de mentiras, lanzarlas al mundo y
olvidarse de sus existencias.
«¿Alguna
vez has sentido angustia cuando estabas a punto de terminar de leer un libro y
no querías que acabara? ¿Alguna vez disfrutaste tanto de un viaje que cuando
tuviste que volver sentiste un gran vacío, como si dejaras abandonada una parte
de ti? ¿Alguna vez sentiste nostalgia por todo aquello que te quedó por decir?
Algo así es lo que…», iba a seguir pensando pero le entró sueño.
Entonces
apareció una última imagen. Supo que lo era porque ponía “fin”.
El armario bostezó y cerró sus puertas sin
importarle saber si las volvería a abrir.
Nostalgia?
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