Rodarían cabezas de alcachofas, tenazas de
pimentón, ruedas de albaricoque y un raquítico requesón.
La mezcla de melocotones en almíbar desataría una
marea de recuerdos embalsamados que resucitarían del sarcófago que era el
armario trágico de los dulces.
La cuchara mandona sabotearía a la beterraga-remolacha,
mientras la batata levantaría su voz para pedir que la convirtieran en azúcar.
Rodarían cabezas de alcachofas, por culpa del
cuchillo despistado y sin filo, el mismo que se esconde debajo del frutero.
Y entonces, el pintarrajeado sueño queda
incompleto, por culpa de unos ojos de uva verde que, junto a una copa vacía,
esperan para convertirse en vino blanco y demasía…
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