En aquel hospital, durante el tiempo en que trabajé
como enfermera, coincidieron tantas historias que me sería difícil escoger una
sola como la que más me conmovió.
Pero hay una que suele aparecer sola en mi
memoria:
María llegó del norte. Lo que tenía da igual, pero basta con decir que
la metieron en aislamiento según la internaron. La única persona que iba a
verla era su hermano, que fue quien la acompañó durante el viaje. Al principio
iba todos los días pero pronto tuvo que buscarse un empleo para poder pagarse
la estancia en la capital y parte de las medicinas para su hermana.
Marco
llevaba mucho más tiempo en el hospital. Él llegó de oriente y le operaron de…
Tampoco importa. Lo que sí he de decir es que durante una temporada tuvo
que ir en silla de ruedas y después tuvo que aprender a usar muletas.
María
llegó en la época en que Marco empezó a moverse solo usando la silla, dando
vueltas por toda la planta.
Así fue como se conocieron, porque él iba a visitar
a todo el mundo y a ella le vino bien tener un amigo con el que poder hablar de
cualquier cosa que alejara su mente de todo lo que les rodeaba.
—¿Qué es lo que más extrañas? Digo, de tu tierra.
Yo mataría por un helado de aguaje. ¿Y tú?
—No sé… Creo que me comería un chumbeque.
—¿Un chumbeque? ¿Qué es eso?
—Si me dices lo que es un aguaje, te cuento lo
que es un chumbeque.
—¿En serio? ¡Qué huambrilla eres! Pero está bien,
te lo diré. Es un fruto, de una palmera.
—Un chumbeque es un dulce, algunos dicen que es un turrón norteño. ¿Y huambrilla?
—Niña.
—¡Ah! Entonces tú eres un churre.
—Eso no te lo discuto, un churro sí que soy… Un churro
algo sipucho por la medicina, pero eso me hace más interesante. ¿A que sí?
—¿Interesante? Supongo que ahora me toca
preguntarte lo que significa eso ¿no?
Y así se pasaban las horas, enseñándose el uno al
otro las palabras propias de sus respectivas regiones y contándose muchas otras
cosas que no interesan contar aquí.
Lo que más me enterneció de su historia fue que,
cuando recogieron el armario de Marco, encontraron una libreta en la que había
registrado todas esas palabras, sus pensamientos hacia María y una carta para
ella… Una carta que nunca llegó a leer.
Pero eso ya no importa. Me gusta imaginar que
ahora, ambos están juntos, y siguen charlando de sus cosas y son libres… por
fin.
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