lunes, 29 de mayo de 2017

362. María y Marco

En aquel hospital, durante el tiempo en que trabajé como enfermera, coincidieron tantas historias que me sería difícil escoger una sola como la que más me conmovió. 

Pero hay una que suele aparecer sola en mi memoria: 

María llegó del norte. Lo que tenía da igual, pero basta con decir que la metieron en aislamiento según la internaron. La única persona que iba a verla era su hermano, que fue quien la acompañó durante el viaje. Al principio iba todos los días pero pronto tuvo que buscarse un empleo para poder pagarse la estancia en la capital y parte de las medicinas para su hermana. 

Marco llevaba mucho más tiempo en el hospital. Él llegó de oriente y le operaron de… Tampoco importa. Lo que sí he de decir es que durante una temporada tuvo que ir en silla de ruedas y después tuvo que aprender a usar muletas. 

María llegó en la época en que Marco empezó a moverse solo usando la silla, dando vueltas por toda la planta. 
Así fue como se conocieron, porque él iba a visitar a todo el mundo y a ella le vino bien tener un amigo con el que poder hablar de cualquier cosa que alejara su mente de todo lo que les rodeaba.
—¿Qué es lo que más extrañas? Digo, de tu tierra. Yo mataría por un helado de aguaje. ¿Y tú?
—No sé… Creo que me comería un chumbeque.
—¿Un chumbeque? ¿Qué es eso?
—Si me dices lo que es un aguaje, te cuento lo que es un chumbeque.
—¿En serio? ¡Qué huambrilla eres! Pero está bien, te lo diré. Es un fruto, de una palmera.
—Un chumbeque es un dulce, algunos dicen que es un turrón norteño. ¿Y huambrilla?
—Niña.
—¡Ah! Entonces tú eres un churre.
—Eso no te lo discuto, un churro sí que soy… Un churro algo sipucho por la medicina, pero eso me hace más interesante. ¿A que sí?
—¿Interesante? Supongo que ahora me toca preguntarte lo que significa eso ¿no?
Y así se pasaban las horas, enseñándose el uno al otro las palabras propias de sus respectivas regiones y contándose muchas otras cosas que no interesan contar aquí.
Lo que más me enterneció de su historia fue que, cuando recogieron el armario de Marco, encontraron una libreta en la que había registrado todas esas palabras, sus pensamientos hacia María y una carta para ella… Una carta que nunca llegó a leer.
Pero eso ya no importa. Me gusta imaginar que ahora, ambos están juntos, y siguen charlando de sus cosas y son libres… por fin.

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