La despiadada Realidad, que nunca había sido capaz de soportar lo iluso, decidió dejar en medio de la pradera a su armario repleto de realidades.
La Idea, que era un poco distraída, chocó de bruces con la dureza del mueble y se dio tal golpe que pudo saborear su amargura. No contenta con esto, la cruel Realidad no dejó que la Idea se pusiera en pie. Le mostró absolutamente todo lo que tenía guardado, incluso aquello que ni ella misma recordaba que tenía en el fondo del armario.
La consecuencia más inmediata fue que la Idea empezó a oscurecerse, a destripar sus puntos más flacos, aquellos que le resultaban ingenuos. Una vez que se deshizo de todos ellos, se puso en pie y sonrió. No iba a dejar que nada la pisoteara, que le impidiera convertirse en una realidad.
Me encantó!!
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