Érase un armario traslúcido, desquiciado, a veces
patético y trágico, aunque siempre era simpático y alegre. Las prendas que
guardaba eran de ensueño para unos, de pesadilla para otros, e inexistentes
para quienes carecían de imaginación. Y era importante tenerla, para poder leer los cuentos que escribía en las prendas que tenía dentro.
Érase un armario que, por dejar ver su interior sin tapujos, pasaba por ser engreído...y por lo mismo parecía incompleto, algo así como la sensación que tendrás al terminar de leer esta línea.
Qué locura!!,
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