viernes, 19 de mayo de 2017

352. A levantarse...

La magnífica Idea revoloteaba alegre por una pradera azul. Estaba llena de energía, era brillante, osada y, como todo lo atrevido, inmensamente ignorante. Esta era la razón por la cual la felicidad era su estado natural y las ilusiones eran su alimento. No necesitaba nada más que aquello que ya tenía, que era un montón de fantasías acerca del futuro.

La despiadada Realidad, que nunca había sido capaz de soportar lo iluso, decidió dejar en medio de la pradera a su armario repleto de realidades. 

La Idea, que era un poco distraída, chocó de bruces con la dureza del mueble y se dio tal golpe que pudo saborear su amargura. No contenta con esto, la cruel Realidad no dejó que la Idea se pusiera en pie. Le mostró absolutamente todo lo que tenía guardado, incluso aquello que ni ella misma recordaba que tenía en el fondo del armario.

La consecuencia más inmediata fue que la Idea empezó a oscurecerse, a destripar sus puntos más flacos, aquellos que le resultaban ingenuos. Una vez que se deshizo de todos ellos, se puso en pie y sonrió. No iba a dejar que nada la pisoteara, que le impidiera convertirse en una realidad.

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