jueves, 18 de mayo de 2017

351. Trampa

La Sociedad Secreta de Magos estableció su sede principal, allá por el mil ochocientos, en un pueblo al que entre ellos llamaban ‘la ciudad del faro’, porque desde allí proyectarían sus saberes ocultos hacia el resto del mundo. Los únicos que sabían dónde se encontraba este lugar eran los miembros más notables de esta sociedad, de la que cada generación solían ser unos cinco. Sólo ellos conocían la ubicación exacta del edificio que, detrás de un armario, tenía una puerta que comunicaba con una escalera que bajaba de tal modo que quien lo hacía terminaba subiendo a una réplica invertida y subterránea del mismo edificio. En el ático, que mirado de otro modo vendría a ser la última planta del sótano. Allí estaba la sala mayor, que era donde los notables se reunían en consejo. Cada vez que alguna personalidad, que algún alto cargo del mundo sin ilusiones, iba por ahí autoproclamándose una especie de 'estrella inalcanzable', las personas mágicas se reunían para urdir un plan y acabar con su estúpido esplendor.
Y eso es exactamente lo que están haciendo, preparan una trampa para el enteradillo o la resabida de turno. Siempre da resultado porque todos suelen caer en sus propios egos.

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