La suerte quiso que el tiempo se abriera en
canal, dejando ver la época en la que el edificio de su historia se encontraba
en construcción.
Tenía por cimientos unos tarros de pintura y un montón de
pinceles y brochas; el centro de palpitante energía era un armario que estaba cerrado
con un candado de latón y el techo era de vitrales que subía en espiral hacia
el infinito.
El tiempo, que se detuvo ante su mirada, le entregó la llave del
candado.
Dentro había una colección de instantes descoloridos, recuerdos en
magenta y sepia que se elevan hasta los vitrales y se imprimen en ellos para no
volver al olvido.
Y así, la loca de la imaginación, vuelve a reconstruir su
historia.
Muy lindo!
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