El castillo de sueños que
estaba en lo alto de la montaña del Amor Hermoso, estaba en silencio. Lo único
que podía escucharse con claridad era el crepitar de la vela que alumbraba el
salón principal desde lo alto del armario de los juegos inventados.
La reina de
las hermanas hadas acababa de recibir sus alas de polvo de oro, que la hacían
invisible a las criaturas que habitaban su mundo…
La danza de la flama era
suave, hipnotizante; se movía como insinuando un mensaje que provenía desde
algún lugar del infinito. La llama, de pronto, echó una chispa que explotó en
el aire, soltando un polvillo dorado que cubrió a hadas y elfos, llenándoles de
esperanza. Entonces, todos levantaron sus copas y brindaron por la seguridad de
volverla a ver.
Muy lindo, gracias!!
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