martes, 18 de abril de 2017

321. Claridad

El ser de luz quería formar parte de la revolución de amor que haría cambiar al mundo. Escogió a su familia, a los retos que debería superar, incluso el dolor que tendría que soportar. La decisión estaba tomada: llegar a la vida para dar más vida. Cada una de las circunstancias que sabía que iban a rodearle, le llevaría a descubrir su camino, a recordar su verdad, porque en el momento de encarnarse, olvidó todo esto.
La persona que ahora habita en este mundo es un ser humano extraordinario. A veces, cuando le miran a los ojos, tiene ese brillo que delata su origen luminoso… Pero, como hemos dicho, esto no lo sabía. No tenía ni idea que su manera de dar vida era en su día a día, con su deseo de comprender, de ayudar a los demás. Pero esto no le era suficiente. Sentía –y con razón– que había algo más, algún tipo de razón última de su existencia que se escapaba a su entendimiento. Vacío. Necesitaba encontrar aquello que suponía oculto.
Una noche, mientras dormía con las ventanas abiertas –porque le gustaba dejar pasar la brisa del mar–, se despertó de un sobresalto. Escuchó claramente los latidos de un corazón. Sonaban a golpes secos. Aquello no podía ser un sueño pues se había incorporado y todo en su habitación seguía igual. Volvió a escuchar los latidos que sonaron como golpes dentro de su armario. Apoyó una oreja en la puerta para asegurarse de que era eso lo que sonaba. Entonces, escuchó una voz firme que le dijo: “Lo que has venido a hacer a este mundo, ya lo estás haciendo. Sigue entregando esperanza, haciendo sentir a los demás que su existencia es importante.” En cuanto la voz dejó de hablarle, retrocedió un paso y se miró en el espejo del mueble. La luz de la luna iluminaba la estancia y pudo distinguir las tonalidades de sus ojos. Durante ese instante recordó todo con exactitud: su decisión, su encarnación, su cálida estancia en el vientre y su primera respiración. Las razones que le llevaron a tomar la decisión de venir a este mundo, de vivir una experiencia humana, aparecieron con claridad en su mente. Y al segundo siguiente, volvió a olvidarlo todo.
Unos meses después, en otra noche de luna llena, en una calle concurrida, en una ciudad muy vieja, alguien que le conocía de ese otro mundo, de esa otra existencia, le reconoció. Desde entonces se quedó a su lado para aliviar su olvido.

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