domingo, 30 de abril de 2017

333. Hasta pronto

El castillo de sueños que estaba en lo alto de la montaña del Amor Hermoso, estaba en silencio. Lo único que podía escucharse con claridad era el crepitar de la vela que alumbraba el salón principal desde lo alto del armario de los juegos inventados. 
La reina de las hermanas hadas acababa de recibir sus alas de polvo de oro, que la hacían invisible a las criaturas que habitaban su mundo… 
La danza de la flama era suave, hipnotizante; se movía como insinuando un mensaje que provenía desde algún lugar del infinito. La llama, de pronto, echó una chispa que explotó en el aire, soltando un polvillo dorado que cubrió a hadas y elfos, llenándoles de esperanza. Entonces, todos levantaron sus copas y brindaron por la seguridad de volverla a ver.

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