domingo, 2 de abril de 2017

305. De naipes



El castillo de naipes se desmoronaba sobre el resto del pueblo de naipes. En la calle, un auto rojo, o amarillo, o azul, o blanco, o negro, iba a toda prisa. Aquella era una… máquina potente. Su conductor, un calandraca de poca monta y sesera, le importaba tres pares de bastos su conducta imprudente. Iba tan rápido que no se dio cuenta que el castillo se estaba desmoronando. No le dio tiempo a acelerar cuando vio que el armario de copas le caía encima.

No hay comentarios:

Publicar un comentario