El castillo de naipes se desmoronaba sobre
el resto del pueblo de naipes. En la calle, un auto rojo, o amarillo, o azul, o
blanco, o negro, iba a toda prisa. Aquella era una… máquina potente. Su
conductor, un calandraca de poca monta y sesera, le importaba tres pares de
bastos su conducta imprudente. Iba tan rápido que no se dio cuenta que el
castillo se estaba desmoronando. No le dio tiempo a acelerar cuando vio que el armario de
copas le caía encima.
No hay comentarios:
Publicar un comentario