El sueño caía como un atardecer ingenuo de
dorados destellos.
La ocupación desbarataba las ansias de poder de
la Emperatriz Pereza que, encerrada en su armario particular, bordaba un
pañuelo con una escena de unos pajarillos durmiendo con los picos escondidos
bajo el ala.
El sueño se cerraba mientras la Emperatriz Pereza
intentaba escaparse de un bostezo y meterse de lleno en la escena de los
pajarillos para dormir con ellos, la estaban llamando con insistencia.
Les
siguió hasta que prendió el pico en el dorado destello del atardecer.
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