El canto sobre la supuesta maldición del infame
palacio del jardín de los laberintos, daba inicio a la arrastrada melodía de
los seis meses. Pasado ese tiempo, un ganso presuntuoso apareció en escena. Se
situó en medio y con gesto arrogante inició su monólogo:
—El poco acierto lleva al desconcierto. ¿Qué
necesidad hay de complicarse con un sueño inacabado? ¡Levántate humano! Abre tu
armario de lo inconcluso y... ¡Libérate de tus fracasos! Acaba, acaba, acaba todos
y cada uno de tus proyectos. ¿Por algo los empezaste no? Sácalos todos, observa
su melancolía, ten piedad de sus iniciados seres y, de un modo u otro
¡acábalos!
El ganso dio un dramático medio giro, mostró su
oronda sacudida de colita, caminó hacia el fondo del escenario y desapareció
entre la bruma, mientras el coro de helechos, lechugas y lechuzas volvió a
entonar el canto sobre la supuesta maldición del infame palacio del jardín de
los laberintos.
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