La pezuña del aspaviento movía el trueque de Don
Rebuscón, mientras que el ansia maltrecha de la oreja noctámbula, recordaba al
armario sin puertas del viejo cuadro de Doña Matraca.
Y así, sin más, se acaba la descalabrada idea
mezcla de fatiga, hambre y buen humor.
...un bucle,...
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