…Su descaro era abrumador.
La toalla, fiel a su extravagancia, colgaba presuntuosa del único clavo triste que algún inconsciente clavó dentro del armario.
La manera en que se contorneaba…
Su tela era azul marino, de tacto aterciopelado, agamuzado, arrepentido, amedrentado.
La toalla descarada colgaba contorneada del clavo triste. Su tacto aterciopelado era abrumador. La toalla, fiel a su prestancia, se retorcía adolorida por la tristeza que le transmitía el clavo que algún insensato dobló hacia arriba como si fuera un garfio.
El modo en que se escurría…
Las gotas caían mojando un zapato solitario. El olor, mezcla de las humedades de la toalla y del zapato, convenían en la necesidad de ventilar el mueble, de sacar la toalla, extenderla al sol, quitar el clavo, encontrarle el par al zapato…
Pero el inconsciente insensato que tenía que hacer todo esto, debía de estar ocupado pensando en alguna próxima acción insensata producto de su inconsciente.
Me gustó!!!
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