viernes, 21 de abril de 2017

324. Manecillas y alas

El reloj iba a toda máquina y la loca del sombrero rojo tenía que inventarse una historia mágica a toda prisa. Quería hechizar a un auditorio lleno de personas impersonales que iban a su aire robándole tiempo al tiempo. Antes de salir a escena, sacó del armario de su camerino, una capa que se ató al cuello de inmediato. Acto seguido empezó a dar vueltas en su sitio, como persiguiéndose a sí misma. Estaba tratando de encontrarle brazos a la capa, algo que, por supuesto, no iba a conseguir. Y por hacer eso perdió tantas respiraciones, que el auditorio empezó a aullar de aburrimiento. La presión la empujó a olvidarse de las mangas inexistentes y a centrarse en la historia que, de pronto, empezó a salir de su cascarón, y a crecer, y a extender sus alas, y a llevársela a ella y a su sombrero a volar fuera del teatro, a visitar otros mundos… Mientras las personas impersonales se quedaron divagando entre su aburrimiento y su imperiosa necesidad de robarle tiempo al tiempo.

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