lunes, 17 de abril de 2017

320. Último día de no cumpleaños



Llevaba todo el día dudando de la muchedad de su tribu, porque nadie le había felicitado su último día de no cumpleaños. Tristona y algo compungida, la pequeña princesa de corazones volvió a su casa mascullando una frase que, se dijo, usaría cada vez que alguien le hiciera sentirse contrariada. ‘¡Qué le corten la cabeza!’ retorció entre dientes y en voz baja una última vez, justo antes de abrir su armario para dejar colocado su abrigo rojo de bordes de peluchito blanco, tal y como hacía todos los días. Iba a tomar una percha cuando una mano gigante, alienígena y peluda la cogió por la mano y se la llevó dentro. Era su monstruo madrugador que la llevaba a una fiesta de dominós y globos fugaces que explotaban cual fuegos artificiales en el fondo del lago de tinta derramada. Toda su tribu la estaba esperando, ¡no se habían olvidado de su fiesta espanta madurez! No tendría que usar esa frase de amargados, la que había estado gruñendo, ni ninguna otra que le hicieran sentir irremediablemente mayor, o seria, o condenada a la no felicidad. No tendría que asumir algo de eso porque ni lo era, ni le gustaba, no lo haría todavía, mucho mejor, no lo haría nunca jamás. Y fue feliz con su tribu y en su compañía, esperó tranquila a que pasaran las horas hasta el momento de celebrar su primer día de no cumpleaños.

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