Cada vez que Super Mamá se miraba a los ojos en el espejo del armario, veía a su madre como si se tratara de un reencuentro diario.
Al igual que ella, había desarrollado poderes asombrosos: era capaz de multiplicarse, de descubrir las verdades en un gesto, de dividirse, de dormir en guardia, de emitir un gruñido supremo por el cual no tenía que usar su puntería extrema con la zapatilla -que también tenía desarrollada-, además de otros poderes que tienen que ver más con la paciencia y el autocontrol.
Lo único a lo que nunca iba a acostumbrarse era a la invisibilidad de todo su trabajo.
Pero esa era una batalla en la que no estaba sola.
La rebelión de las Super Mamás invisibles y el poder del lado luminoso de su amor, sólo había empezado...
Me gusta mi cuento, falta una segunda parte,como terminará?
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