miércoles, 28 de diciembre de 2016

210. Repetición

Érase una vez un cuento de nunca acabar.

Empezaba en un armario. 

Sus puertas se abrían y conducían al laberinto que rodeaba la mansión del ensueño. 

La puerta principal de la mansión, era un armario que comunicaba con un recibidor. Aquel espacio tenía el suelo cubierto por baldosas negras y blancas que formaban un camino retorcido, lleno de recovecos y sendas que llevaban a ninguna parte. Sólo había una ruta correcta que llevaba a unas escaleras que subían o que bajaban. La multitud de espejos que coronaban el techo reflejaban las escaleras como si fueran un laberinto interminable que se repetía a sí mismo mientras un coro de inocentes cantaba el final que, como hemos dicho en un inicio, era una vuelta a empezar porque érase una vez un cuento de nunca acabar que empezaba en un armario...

No hay comentarios:

Publicar un comentario