Acababa de nacer una ratona azul, destinada a liberar a su pueblo de las garras opresoras de los gatos juguetones.
Un foco, que hasta entonces parecía haber estado fundido, se encendió con tal intensidad dentro del armario que parecía ser de día.
Unos ratones voladores y repartidores de regalos inauditos, se guiaron por esta luz para asaltar la cocina y volver sanos y salvos. Llevaron trozos de quesos, de bizcochos y de polvorones, que repartieron a todos los ratones que fueron a visitar a la pequeña ratona azul.
Cuando ella creció se hizo amiga de una gatita de ojos claros.
El juego de ambas, que era limpio, sano y casi sin piques, enseñó a gatos y a ratones a convivir en paz...
Y mientras los gatos hacían guardia para alertar de la presencia de humanos, los ratones voladores les bajaban de las alturas de la nevera, las delicias que de otra manera no habrían podido probar.
Fin.
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