viernes, 23 de diciembre de 2016

205. Desquiciado

El ununu rumiaba los suculentos secretos de quienes se atrevían a confesarle sus faltas. 

El arlequín vivía angustiado por uno de esos secretos que decidió contarle al ununu. Se trataba de un asunto baladí; de hecho quedó archivado en el armario de las confesiones pueriles. Pero, para el arlequín, aquel secreto era de vital importancia.

El ununu, desconocedor de ese detalle, pero atento observador, empezó a fijarse en la conducta esquiva del arlequín. Esto le hizo sospechar que podía encontrar algo aprovechable en la archivada confesión. La buscó en el armario y luego de encontrarla, se dedicó a estudiarla. 

Elaboró hipótesis, recopiló toneladas de información que le llevaron a abrir más de una línea de investigación. Siguió todos los hilos y ató todos los cabos. Se dedicó con tanto entusiasmo a desentrañar las profundidades de aquel secreto que olvidó las demás confesiones y su actividad rumiadora. Incluso llegó a olvidar que empezó a investigar esa confesión, movido por siniestras intenciones. Dejó de pensar en sí mismo y enterró el armario de las confesiones pueriles.

El arlequín llevaba tanto tiempo desquiciado por aquel secreto que la locura del ununu no le afectó ni para bien, ni para mal.

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