La Locura caminaba oronda por la avenida. Estaba entusiasmada con alguna cosa que le rondaba por la mente... Iba hablándose a sí misma y a quienes imaginaba que iban a su lado. Les contaba sus planes en un lenguaje que sólo ellos entendían. No quería que nadie más se enterase de lo que iban a hacer esa noche.
Antes de llegar a su casa, alguien se cruzó por su camino y la miró directamente a los ojos. Durante aquel instante tuvo conciencia de sí misma. Quien se había cruzado con ella le devolvió un poco de alivio.
En cuanto llegó a casa, fue directamente a su habitación y del armario sacó un vestido rojo. Mientras se lo probaba frente al espejo, pensó en su encuentro con la Dignidad. El contacto visual que intercambiaron fue breve pero intenso. Le agradó saber que, a pesar de su locura, ella todavía era su amiga. Eso la hizo sentirse... Olvidó lo que iba a decirse porque una de sus voces la llamó. Los invitados estaban por llegar y debía darse prisa. La fiesta iba a empezar.
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