Despertó dentro de un moco verdoso. Fue como si su cama se hubiese convertido en un enorme molde de gelatina. ¿Quién la habría mandado a leer 'La Metamorfosis' antes de irse a dormir? Miró hacia un lado para buscar el libro sobre su velador, pero apenas podía distinguir las formas a través de la viscosidad. Le hizo gracia, pero ya estaba bien de seguir soñando. Ese día tendría muchas cosas que hacer, empezando por un desayuno informativo. Intentó despejarse, moverse, patalear, gritar... Sentía su cuerpo pesado y en la boca tenía una especie de boquilla que mordió al intentar llamar a alguien para que la ayudara a salir de aquel desesperante estado. Entonces sintió que su cuerpo empezó a elevarse, a salir de aquella materia. Lo primero que vio fue un montón de ojos grandes y negros que la rodeaban. Poco a poco fue capaz de distinguir sus afilados rostros y sus enormes cráneos lampiños. Lo siguiente que vio fue el reflejo deformado de aquella escena en el techo cóncavo que parecía de metal. Vio como sacaron de su vientre un pequeño y verdoso ser que metieron en una especie de armario. La luz que colocaron encima de su abdomen, empezó a quemarle y sus párpados se cerraron.
Despertó enredada en su edredón de plumas. El despertador de su móvil estaba sonando, según vio, por tercera vez. Se incorporó de un salto y fue hacia la ducha. Iba a llegar tarde al desayuno informativo y no podía permitírselo, entre otras cosas porque era la jefa. Se ató el pelo en una coleta y dejó correr el agua de la ducha. Mientras esperaba a que se calentara, se cepilló los dientes. Al mirarse en el espejo, vio que tenía unas profundas ojeras. No había descansado lo suficiente. Llevaba meses así. Ya en la ducha, se fijó en que tenía una marca rosa a lo largo del vientre. De no haber sido porque le escoció al contacto con el agua, habría pensado que era producto del elástico del pantalón de pijama. Aquello se parecía más a una cicatriz. Le restó importancia. No tenía tiempo para fijarse en esos detalles. Además, debía espabilarse del cansancio. Las veces que dormía bien, solía acordarse de sus sueños y esa mañana estaba totalmente en blanco. Algunos decían que no recordar los sueños era mejor, que significaba que uno había tenido el descanso que necesitaba. Pero, por alguna razón, ella no se fiaba de los días en que no era capaz de recordarlos.
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