La mayor de las arañas hacía tricot sentada en su mecedora, junto al armario para los ovillos de telaraña que tintaba de distintos colores. La añoranza marcaba su ritmo, que era tal que así:
'Puntada del derecho,
suspiraba,
mecía hacia adelante y hacia atrás,
detenía el movimiento...
Puntada del revés,
suspiraba,
mecía hacia adelante y hacia atrás,
detenía el movimiento...'
Mientras tejía, pensaba en sus otras vidas, las que había dejado atrás cada vez que el viento la trasladaba junto con sus telarañas, que fueron muchas. En esas épocas ella decía que se comería el mundo y creía en ello con firmeza. En aquel entonces podía ir de aventura en aventura, sin miedo a nada, sin importarle demasiado donde iba a dormir, como no le costaba mucho trabajo tejerse una casa nueva. Su presente era tan distinto... Suspiró y volvió a dar una última puntada del revés.
Entonces llamaron a la puerta. Eran sus amigas arañas. Se quitó el chal de los hombros, las gafas, guardó todo, se dio un retoque de carmín y se fue con ellas. Iban de fiesta, a comerse la noche y ninguna tenía miedo a nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario