Su madre le dijo que se quedara quietecita. La pequeña así lo hizo. Estaba
acostumbrada a observar la actuación de su madre en silencio. Lo hacía cada
noche desde su rincón, tras las bambalinas.
Esa fue la noche en la que empezó a sentirse grande y a desear ser como
mamá. Admiraba sus movimientos, su voz, su seguridad, la valentía, la fuerza
con la que se enfrentaba a la oscuridad de la platea, de todo el teatro. Mientras pensaba en estas
pequeñas cositas sus ojos empezaron a cerrarse. Intentó luchar contra el sueño,
pero el cansancio pudo con ella y al final…
La madre la encontró acurrucada en el suelo, cubierta con un extremo del
cosmos, el telón principal. Alzó a la pequeña entre sus brazos y juntas subieron
a las estrellas...
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