lunes, 5 de diciembre de 2016

187. Sueños que sueñan

El chico era un dormilón que caía frito donde fuera. 
Su lugar favorito era el sofá que estaba en el salón pequeño de la entrada, junto al armario de los libros. En una tarde podían entrar y salir miles de personas, pero él no se enteraba. 
A nadie se le habría ocurrido que él, en realidad, estaba trabajando. 

'La familia se crea y se transforma, nunca se destruye', le decían las voces de sus sueños mientras construía los recuerdos del futuro que quería. Era importante estar seguro de aquello que se deseaba. Si algo le causaba dudas, podía hacer que su espíritu se desplazara, que viajara en el tiempo y en los espacios. También podía ponerse pruebas que debía realizar estando despierto.

Una vez quiso saber si sería capaz de cuidar a alguien más pequeño. A los pocos días, le pidieron que viajara con una de sus sobrinas, una niña insoportable. Su ser despierto aceptó el encargo sin chistar al tiempo que se preguntaba por qué diantres lo habría hecho. No recordaba que él mismo se había impuesto una prueba similar. Para su sorpresa, la dichosa niña se quedó dormida durante todo el trayecto. Aunque parecía haber caído en coma, él, que era un dormilón de campeonato, se tomó en serio lo del 'coma de la niña' y no quiso descansar. Sólo se quedó tranquilo cuando llegaron a casa y, por fin, pudo volver a su sofá. 

La niña, que era un incordio estando despierta, solía dormir cual si fuera un tronco. 
No tenía un lugar favorito, pero dormía mejor estando sentada. A nadie se le habría ocurrido que ella, en realidad, estaba trabajando en sus historias. Durante aquel viaje, sentada en aquella butaca, soñó que su tío iba a estar en uno de sus cuentos...

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