sábado, 17 de diciembre de 2016

199. Lo que no se ve

Mishky, el rico del pueblo, tenía un enorme barrigón. La gente decía que allí dentro era donde tenía que tener guardados sus millones en monedas de oro de la época de ñangué

Y es que él nunca iba al banco, sino que eran los gerentes del banco quienes iban a verle. 
El banco evitó la quiebra un par de veces en veinte o treinta años, gracias a su intervención. 

Aunque su casa era la más grande, vivía alejado de lujos y comodidades porque consideraba que existían otros quehaceres mucho más importantes que perder el tiempo en guardar las apariencias. El único bien que él consideraba como muy preciado era un viejo armario. 

El mueble no era una antigüedad renovada, sino que lo mantenía tal y como se lo había dejado su padre. Si alguien se interesaba en la pieza, él le contaba su historia y mientras lo hacía, abría sus puertas dejando ver que en su interior no había nada. 

«—"Mientras este mueble se mantenga en pie, ten la seguridad de que encontrarás el modo de resolver cualquier problema que te sea planteado." Eso era lo que me decía mi padre cada vez que me veía batallar con las lecciones de la escuela. Él no tenía estudios, sabe usted, y era por eso que quería que yo los tuviera.»

Así era como usualmente finalizaba la historia del mueble. Casi nunca le preguntaban más sobre el tema porque casi siempre lograba aburrir a los demás con lo que la antigüedad significaba para él. 

Quizás esa era su intención porque, cuando nadie le veía, abría el armario y contemplaba su fortuna.   

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