A George le gustaban muchas cosas: la música, la poesía, dibujar, leer cómics de aventuras galácticas, jugar al fútbol, hacer rebotar las piedras en el río, montar en bicicleta, subir a los árboles, hacer fogatas para asar castañas y muchas otras cosas más que podía hacer sola o con su mejor amiga y sus dos mejores amigos.
Pero, lo que más le gustaba hacer era pasar tiempo con su abuelo.
Él le enseñó a reparar todo tipo de motores.
Cuando cumplió los diecisiete, entre ambos ya habían construído la que sería la primera moto de George.
El abuelo le regaló una chaqueta de cuero y ella se compró unas botas con aplicaciones de metal.
Unos vaqueros desgastados, una camiseta negra y su pelo largo, liso y violeta, completaban su imagen.
George hizo su vida como quiso.
Viajó, amó, trabajó, ahorró, despilfarró... Y siempre actuó con honestidad.
En un, arranque de dignidad, quemó su adorada chaqueta de cuero dentro del armario de una casa a la que nunca volvió. No le hacía falta para recordar a su abuelo. Ese sacrificio fue la única salida que tuvo para recobrar su libertad.
Su espíritu siempre tendrá el mismo ímpetu que tenía la primera vez que arrancó su moto y con ella se fue a recorrer el mundo.
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