Se trataba del poster de una princesa que no era ni de la vida real, ni de un cuento de hadas.
En el mundo de fantasía, aquella mujer no estaba sentada esperando a que algo pasara, sino que ella era una de las protagonistas de una revolución.
La pequeña niña, a la que no le iba muy bien en la escuela, pasaba horas mirando la imagen desafiante y guerrera de su heroína de ficción. Cada vez que lo hacía, se imaginaba a sí misma en el futuro, luchando sin amilanarse por ser chica.
Esto la ayudó a sobrevivir al entorno social de la escuela y al universo caótico que le suponía su preparación académica.
Terminó aquel capítulo como pudo y una vez fuera, dio un vuelco a la propia imagen que tenía de sí misma...
Y todo gracias a una princesa que la revolucionó desde la ficción.
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