martes, 20 de diciembre de 2016

202. Pelos y madera

Érase una vez un gato radical y un armario desesperado.

El uno era muy libre, decidido e independiente. 
El otro era hueco, estático y estaba impaciente por sentirse útil, porque fue olvidado en el desván.

Un buen día el gato, que no aguantaba pulgas, se enfadó con sus humanos y decidió perderse en algún rincón. 
Así fue como llegó al desván y se hizo compañero inseparable del mueble al que adoptó como hogar y del que sólo se separaba para hacerle la pelota a sus humanos en busca de comida y poco más. 
Ellos, sus humanos, imaginaban que andaba cazando por ahí, entre amoríos felinos y aventuras gatunas, por eso nunca se tomaron la molestia de buscarlo por casa; y como tampoco echaban de menos la utilidad del armario...

Érase una vez y para siempre un gato radical y un armario acogedor que trabaron una curiosa y dormilona amistad. 


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