domingo, 4 de diciembre de 2016

186. Escondite

Uno, dos... 
Empieza un juego. 
Niños y niñas corrieron a esconderse. 
Unos salieron al patio, otros fueron escaleras arriba hacia las habitaciones, otros se quedaron en el salón, buscando algún escondrijo entre los muebles, mientras que los demás corrieron hacia el jardín.

Tres, cuatro... 
La más pequeña de todos, lejos de quedarse paralizada, siguió a una de las mayores. Ella se metió en la habitación de abajo y desapareció entre unas cortinas que cubrían un armario de pared. La pequeña, siguiendo su ejemplo, entró tras esas cortinas. Aquel armario sin puertas estaba lleno de trajes que olían a lavanda. 

Cinco, seis... 
La pequeña buscó a la mayor mirando por debajo de las prendas colgadas. Entonces escuchó que una puerta se cerraba y se quedó quieta. Pensó que habían entrado a buscarla. Metida entre los trajes, juntó los piececitos y despacio tanteó hasta que dio con el enchapado de madera de la pared. 

Siete, ocho... 
Una tabla cedió a la suave presión de su manita y una puerta se abrió. Salió directamente a unas escaleras de caracol que estaban a cubierto por un tragaluz. Nunca había estado ahí, pero supuso que la mayor habría subido y para arriba que fue.

Nueve y diez... 
El final de las escaleras llegaba a la azotea. La mayor estaba ahí, sentada sobre el borde de uno de los muros de seguridad, mirando al horizonte. La pequeña cogió la caja de frutas de madera que estaba apoyada contra el muro y se subió en ella para trepar al borde. A la mayor no le asombró su presencia; la estaba esperando.

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