Don Ánimo va de la serenidad y el sosiego al laberinto precipitado de los segundos que, implacables, llegan pisando su voluntad.
Él vive entre las hojas del otoño pintadas en el armario y las nubes de azúcar que guarda en sus bolsillos para repartir a sus pequeños.
En su casita de invierno, que huele a leña y a humo de señoritas, planta su mirada profunda en quien quiera hacerle una visita.
En sus recuerdos, las primaveras y los veranos mantienen viva su sonrisa y su increíble humor.
Y, por las noches, siempre escucha la canción que su niñita más chiquita le dedica y que le llega con la luz de las estrellas.
Muy lindo!!
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