jueves, 2 de febrero de 2017

246. En el día de la marmota

Érase un recuerdo que repetía su aparición cada año, en el día de la marmota.

Salía del armario abrazado a una de esas palabras sagradas que no se pueden decir en voz alta. 

Iban de bar en bar, de copa en copa de vino tinto, hablando de todo y de nada, sobre todo de esto último. 

Ella, la palabra, era bella. Por ponerle un nombre, la llamaremos…

Ella, la palabra, tenía el poder de transformar un día gélido y nublado de invierno en uno de esos días soleados, aunque siguiera siendo invierno. Pero, ya me entiendes, el frío era menos frío y a su lado la tristeza se esfumaba.

Ella, la palabra, rescató al recuerdo del destierro de la soledad. A punto de caer en la locura del pozo de nostalgia, la palabra le abrazó y el recuerdo encontró alivio, cobijo y una corbata para mojar en el cacao de la mañana.    

La llamaremos…

El recuerdo, en su ahora, la añora. Porque fue terminar de pronunciarla y la palabra se desvaneció en el infinito.

Al recuerdo le queda un extraño vacío que intenta olvidar, o llenar con nuevos tiempos y palabras profanas y alguna sagrada. Pero aquella…  

Aunque, es verdad, cada año ambos, recuerdo y palabra, vuelven a salir abrazados del armario en el día de la marmota…

 

@RomiMori-iroMimoR

Para alguien a quien echo de menos cada dos de febrero, en quien basé un personaje de mi Kipu y cuyo nombre allí dentro es...

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