La carita sonriente volvió a casa agotada.
La verdad era que su trabajo le hacía muy feliz; le encantaba sentir que ayudaba a los demás a progresar.
Pero ese día fue muy duro porque quienes se cruzaban con ella eran especialmente gruñones.
Así es que, cuando llegó a casa, se sonrió en el espejo del armario y se dejó caer en la cama...
Y sonrió y sonrió en cada uno de sus sueños, hasta el día siguiente.
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