viernes, 10 de febrero de 2017

254. Re-ligados en la fermentación

—Todo ha sido un engaño —dijo el visionario mientras elevaba la mano para dar una hostia.
El bienaventurado en recibirla tuvo una arcada. El inesperado revés le revolvió las tripas, pero el vómito no llegó al  pulcro suelo del sepulcro. Se alejó con la cabeza gacha, penitente, cavilante. Por el rabillo veía los pies de la multitud que, en fila, iban a recibir lo suyo.

El visionario abrió el libro sagrado y leyó:
—"Geo-Váh, el recaudador de prepucios, ya no existe". 

Cerró la tapa y después de besar el libro, lo guardó con suma devoción en un armario de vinos que tenía al lado. Apoyándose en el mueble como si fuera un atril, continuó:
—La verdad se encuentra entre los pensamientos que se crean y recrean al compás del sinsentido, de los pensamientos que se siguen los unos a los otros. El padre y la madre, el hijo y la hija, el espíritu de la santa y la sabiduría del prostituto, velan por la continuidad de vuestro vicio. Leéis sin leer y así, todo lo demás. Dos hostias os voy a dar por ejercer la mendicidad de afecto y por la falta de cortesía a la hora de juzgaros a vosotros mismos, tal y como hicisteis con vuestros muertos. Y aquí, en este sacro y santo sepulcro, yo os digo que aquel que tengo a mi espalda os observa decepcionado. Meditemos hermanos y hermanas, meditemos.

El mago colgaba del crucifijo, mirando a la muchedumbre y al visionario con esa mirada tan suya de no querer enterarse de nada. ¿Acaso no se daban cuenta que estaba intentando concentrarse? Quería recordar el conjuro que, siglos atrás, le había vuelto tan popular entre sus seguidores. Alquimistas rompiéndose el seso por transformar metales en oro, cuando la más rentable de las alquimias de todos los tiempos fue transformar el agua en vino. Vicio entre los vicios. A estas alturas de los siglos ya habría sido capaz de inventar una máquina voladora tripulada por Icarus, que recogiera la lluvia para convertirla en la bebida de salvación. Liberar al mundo y convertirlo al alcoholismo ilustrado de todos los días. Vicio entre los vicios. Concentraría sus esfuerzos en recordar el conjuro desde las alturas de aquel sepulcro: vino del vini, vidi, vinci y amén.

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