viernes, 24 de febrero de 2017

268. La muñeca de porcelana

La muñeca de carita de porcelana no podía dormir. 

Su niña iba a irse de viaje al fin del mundo y le había dicho que iba a llevarla con ella. 

Así es que la muñequita estaba en su rincón del armario, incapaz de cerrar sus ojos de cristal azul, preocupada, no porque tuviera miedo de ir con su niña, sino porque también le había dicho que se irían para no volver nunca más. Pensó, pensó y pensó, hasta que llegó a una conclusión.

Armándose de valor –y de un cuchillo que sacó de la cocina–, fue a buscar al padrastro de su niña.  Le vino bien encontrarle durmiendo la borrachera solo. 

La madre, como siempre, estaba trabajando en el hospital.

La muñeca de carita de porcelana y ojos de cristal azul salió del armario para convertirse en un monstruo que hizo lo que tenía que hacer para que su niña nunca más tuviera el deseo de irse al fin del mundo para perderse y no volver.   

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