Buda, el gato, solía meterse en el armario para hacer ejercicios de meditación.
Era muy disciplinado porque practicaba todos los días y lo hacía después de desayunar, de comer y de cenar.
Con los años, y gracias a estos ejercicios, adquirió habilidades de maestro yogui.
Quizás por eso, a veces, nadie era capaz de encontrarle por ninguna parte...
Y es que, durante sus meditaciones, se transportaba a un mundo de ensueño, en el que degustaba banquetes de desayuno, de comida y de cena, durante los cuales experimentaba la felicidad extrema, su común-unión con el universo.
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