jueves, 9 de febrero de 2017

253. Pensar bien

La ratona estaba angustiada en clase. 

La noche anterior le dio flojera de la buena y no estudió la lección. Miraba a un lado y a otro, tratando de esquivar la mirada de la maestra, a ver si así se olvidaba de ella y la dejaba en paz. Pero, como suele suceder cuando cualquiera se empeña en no querer algo -que es lo mismo que quererlo- la pescó al vuelo y la llamó delante. 

—Deletrea y define “optimismo” la maulló con autoridad. 

La ratoncita dejó que el nerviosismo recorriera su pequeño cuerpecito ratonil. Temblando, escuchó la palabra que le tocaba y luego de retenerla durante un momento en su memoria, la deletreó. Suspiró al terminar. Lo había dicho todo, sin trabarse, ni tartamudear, ni vacilar. 

S-e-l-a-s-a-b-í-a. 

Iba a volver a su sitio, pero se dio cuenta de que algo no iba bien. Sus compañeros y la maestra seguían mirándola como si faltara algo. Frunció la nariz para intentar dar con lo que era, pero nada acudió a su cabecita para rescatarla. Entre desafiante y pícara, miró a la maestra por si tenía algo que agregar. ¿¡En qué estaría pensando ella con esas orejas y bigotes hacia atrás!? Como no le dijo nada, dio medio giro en su sitio, pero una zarpa la detuvo por el lazo del mandil: 

Tienes que terminar maulló la maestra. 

La ratoncita se asustó. Pero en ese momento lo tuvo claro, le faltaba la definición. Tragó saliva. La repitió mentalmente y tirando de labia empezó: 

Opti, que viene de ópticus, que es latín, y que indica algo relacionado con ver que viene de mirar; y mismo, es decir, lo que es de uno. Todo junto viene a ser algo así como la visión que tenemos de nosotros mismos, que será lo mejor. Si fuese lo peor, sería pesimismo. Así tenemos que optimismo es la mejor visión que tenemos de nosotros mismos. Concluyó orgullosa de su ingenio. 

La maestra y sus compañeros gatitos y conejitas y ratoncitos y ratitas y musarañas y demás bichillos se quedaron desconcertados, mirándola con los ojos muy abiertos. Alguno observó que a la maestra empezó a temblarle un bigote. Más de uno de sus compañeros se puso morado aguantando las ganas de reír. Ninguno se atrevió. La maestra acomodó sus gafas sobre su nariz y mirándola directamente a los ojos le dijo: 

Soy optimista al pensar que anoche estudiaste la lección. Y seré optimista al dejar que durante esta semana y la siguiente arregles el armario del aula al finalizar la clase. Pero seré aún más optimista al creer, con todo mi corazón, que al final de la siguiente semana, volverás a repetir esta lección y que lo harás bien.

La ratoncita, con unos colores de más en el rostro, volvió a su sitio... 

Pero al cabo de un rato se rio de ella misma y aceptó de buen grado la tarea de quedarse a colocar los materiales. 

Y, lo mejor de todo fue que nunca más permitió que la flojera de la buena se interpusiera entre ella y su capacidad de hacer las cosas estupendamente.   

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