Pasaron un bosque y un río y unos campos de cultivo.
Caminaron y charlaron y caminaron hasta que llegaron a un pueblo y a otro.
Y, como ya estaban muy lejos, decidieron volver...
En el camino de vuelta encontraron una casa caída, unos sofás raídos en un lateral, de lo que probablemente habría sido un jardín, y un armario casi intacto. Se detuvieron a ver todo y, cuando quisieron retomar la vuelta, ninguna fue capaz de recordar la dirección que debían de seguir. Así es que se quedaron a vivir allí mismo. Reconstruyeron la casa y los muebles.
Pasaron muchos años, cuando de pronto, una de ellas recordó que debía llenar unos formularios para registrarse en un gimnasio y se lo dijo a las otras con tanta fuerza que se despertó a sí misma del cuento más loco que se le había ocurrido...
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