martes, 24 de enero de 2017

237. G. Garabato

G. Garabato, el mentecato vendedor de libros, tenía la desfachatez de probarlos todos antes de ponerlos en las estanterías. 

Las novelas tenían las páginas manchadas de mantequilla de cacahuetes, los ensayos estaban llenos de mermelada, los tratados de historia tenían las tapas embadurnadas de merengue y a ninguno le faltaban soberanas manchas de café entre sus páginas. 

En el armario que tenía al fondo de la librería, había una docena de libros impecables, impolutos. Pero esos no estaban a la venta. ¡Ni siquiera parecían haber sido abiertos! 

Para el librero, aquellos libros eran su religión: todos eran de recetas de cocina. 

G. Garabato solía vender todos sus libros a muy buen precio, aunque no siempre los vendía completos; algunos salían de su tienda con mordiscos. 

Aun así eran muy valorados entre la gente que decía que leía. 

Los querían para tomarles fotos que colgaban en sus redes antisociales. 

Al menos, el librero mentecato era mucho más honrado a la hora de devorar un poco de cultura...  

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